No sé si te habrá pasado nunca, que has intentado comunicar todas esas ideas desordenadas, esos pensamientos volátiles, esas visiones fluidas y esos propósitos intangibles que estan en tu mente para bajarlos a Tierra, y…
Dar forma a las ideas es complejo, impreciso, atrevido.
Pero es una tarea imprescindible para poder aportar nuestro granito de arena y transformar lo que vinimos a transformar. Y normalmente el vehículo que utilizamos para lanzarlas al mundo son los proyectos y las marcas.
Diseñar visualmente y expresar verbalmente estos proyectos y marcas es mi devoción.
Con la curiosidad de un niño, me sumerjo en tu proyecto, y con la precisión de un arqueólogo, voy desvelando todas las capas que subyacen en él.
Más allá del producto o servicio, me gusta descubrir «lo que no se ve»: una historia única, un océano de emociones, un pulso, una ilusión, una intención, una intuición y un propósito. En definitiva, una energía, una frecuencia de onda.
Es entonces que, con entusiasmo e intención, voy viendo como todo lo que percibo en los campos sutiles colapsa cuánticamente en una realidad tangible: imágenes, composiciones, colores, tipografías y contenidos que crean un ser que llamamos marca.